La Universidad de El Salvador busca renovar e impulsar uno de los proyectos más emblemáticos de la historia intelectual universitaria: La Editorial Universitaria, que está próxima a celebrar su primer centenario de existencia.

Los orígenes de Editorial Universitaria datan desde la segunda mitad del siglo XIX, con la publicación del diario La Universidad Nacional y la fundación de la revista La Universidad en 1875. No obstante, el antecedente directo es el Centro Editorial Universitario, creado el 15 de marzo de 1923, cuyo objetivo era «publicar obras inéditas de salvadoreños ilustres». La fundación de Editorial Universitaria, tal como se conoce ahora, sucedió en 1957, luego de la adquisición de los talleres de imprenta de José B. Cisneros y la aprobación del Reglamento General de Actividades Bibliográficas Universitarias y el Reglamento de Publicaciones y Ediciones de la Editorial Universitaria en 1958-1959, siendo su primer director Ítalo López Vallecillos. Desde entonces, la Editorial ha sido partícipe del quehacer científico y cultural, además de ser cuna y hogar de grandes académicos y escritores como Roque Dalton, Matilde Elena López, Jorge Arias Gómez, Alejandro Dagoberto Marroquín, entre muchos otros.

Desde la fundación de Editorial Universitaria bajo la dirección de Ítalo López Vallecillos, esta casa editora ha sido la encargada de divulgar y difundir las ideas y discursos estéticos, científicos y culturales producidos en nuestra alma máter y en la comunidad académica. Por ello, nuestra visión actual es posicionar la Editorial Universitaria como la principal casa editora nacional y regional. Sabemos que es un camino largo y difícil, pero es un reto que asumimos con grande compromiso y responsabilidad. En este sentido, buscamos refundar nuestra Editorial Universitaria, lo que significa tener objetivos claros y líneas específicas de publicación, comprometida con el desarrollo académico y cultural del país, así también, políticas editoriales que promuevan las publicaciones científicas y literarias, que nos permitan establecer redes intelectuales nacionales e internacionales en función del avance de la ciencia y crear nuevos puntos de enunciación, es decir, nuevos espacios para entablar diálogos académicos con la nación y con la comunidad universitaria.

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